Doña Rosa llevaba tres días diciendo que andaba "como agripada". Se cansaba subiendo las escaleras del apartamento, tenía un malestar en la boca del estómago que ella achacaba a los tamales del domingo y, en la noche, un dolor sordo entre los omóplatos que no la dejaba acomodarse. Nadie en la casa pensó en el corazón, porque nadie se agarró el pecho ni cayó al suelo como en las telenovelas.
Esa escena se repite más de lo que imaginamos. La idea que casi todos tenemos del infarto viene de cómo se presenta muchas veces en los hombres: un apretón fuerte en el centro del pecho que corre hacia el brazo izquierdo. En las mujeres también puede pasar así, pero con frecuencia el aviso llega disfrazado, y por eso muchas esperan, se automedican o se van a dormir pensando que mañana se les quita.
Este artículo es para ti, para tu mamá, tu hermana o tu suegra. No es para asustarte, sino para que el día que algo no cuadre, sepas leerlo a tiempo.
Lo primero: si está pasando ahora, llama al 911
Antes de seguir leyendo, quédate con esto. Si tú o alguien a tu lado tiene dolor o presión en el pecho que dura más de unos minutos, falta de aire de golpe, sudor frío, desmayo, o una mezcla de las molestias que verás abajo que aparece de repente, llama al 911. No manejes tú misma al hospital, no pidas que te lleven en carro y no vengas a la clínica: la ambulancia empieza a atenderte desde que llega a la puerta y avisa al hospital para que te estén esperando.
No tomes pastillas por tu cuenta mientras esperas. El operador del 911 te dice qué hacer paso a paso.
Por qué en la mujer se ve distinto
La enfermedad del corazón es la principal causa de muerte en las mujeres de Estados Unidos, según los CDC, y puede afectar a cualquier edad. Aun así, a muchas les cuesta reconocer un infarto propio.
Hay varias razones. Una es que los síntomas de las mujeres tienden a ser más variados y menos "de libro". Otra es que muchas mujeres hispanas cargan con la casa, el trabajo y los hijos, y están acostumbradas a aguantar: primero atienden a todos y al final, si sobra tiempo, a ellas mismas. Y también influye la creencia de que el corazón "es cosa de señores".
Las señales que se confunden con otra cosa
Estas son molestias que, solas o juntas, pueden ser un infarto en una mujer. Lo que las vuelve sospechosas es que aparecen sin explicación clara, se sienten distintas a lo habitual o vienen acompañadas de falta de aire:
- Cansancio que no es normal. No el de un día pesado, sino uno que te tumba haciendo cosas sencillas, como tender la cama o caminar a la parada del bus.
- Náusea, vómito o ardor en la parte alta del estómago, que se parece a una indigestión o a la gastritis de siempre.
- Dolor en la espalda, el cuello, la mandíbula o los hombros, a veces en los dos brazos y no solo en el izquierdo.
- Falta de aire estando en reposo o con un esfuerzo mínimo, aunque no haya dolor de pecho.
- Sudor frío sin calor ni ejercicio que lo explique.
- Mareo o sensación de que te vas a desmayar.
- Una incomodidad en el pecho que no es dolor fuerte: peso, presión, como si algo apretara un poco o hubiera un hueco.
Un detalle que repiten las guías de salud del corazón: en las mujeres, estas señales pueden ir y venir durante horas o días antes del evento grande. Ese ir y venir es justamente lo que hace que se dejen pasar.
"Pensé que era ansiedad": las confusiones más comunes
En la conversación diaria con pacientes de Spring Branch, el equipo médico de la clínica escucha las mismas explicaciones una y otra vez. El problema es cuando sirven para no pedir ayuda:
"Es la gastritis." El ardor en la boca del estómago se parece mucho. La pista es si llega con falta de aire, sudor o cansancio raro, o si no mejora con lo que normalmente te quita la acidez.
"Son los nervios." La ansiedad puede acelerar el corazón y cortar la respiración, pero no conviene ponerle esa etiqueta a una molestia nueva sin que nadie te revise. Primero se descarta lo serio.
"Es la menopausia." Los bochornos y el sudor nocturno son comunes en esa etapa. Un sudor frío acompañado de náusea o de presión en el pecho no es lo mismo.
"Dormí mal, por eso me duele la espalda." Un dolor de espalda alta o entre los omóplatos que no cambia al moverte, y que aparece junto con otras señales, merece atención.
"Estoy muy joven para eso." El riesgo sube con los años, pero los CDC recuerdan que puede afectar a mujeres de cualquier edad.
Qué aumenta el riesgo en la mujer
Algunos factores son los mismos que en el hombre y otros tienen que ver con etapas propias de la vida de la mujer. Conviene que los conozcas, porque casi todos se pueden vigilar:
- Presión alta, que muchas veces no da síntomas.
- Diabetes, que además puede hacer que el dolor del infarto se sienta menos.
- Colesterol y triglicéridos elevados.
- Fumar, aunque sea poco.
- Sobrepeso y poca actividad física.
- Antecedentes en el embarazo: presión alta durante el embarazo, preeclampsia o diabetes gestacional. Aunque todo haya salido bien en el parto, son datos que vale la pena contar en cada consulta.
- La etapa después de la menopausia, cuando el riesgo del corazón tiende a subir.
- Familiares cercanos que tuvieron problemas del corazón jóvenes.
Lo que sí puedes hacer antes de que haya un susto
La prevención no es glamorosa, pero funciona. En nuestra clínica de Hammerly Blvd puedes revisar varios de esos factores en una consulta:
En el control de diabetes, hipertensión y colesterol te tomamos la presión sentada, en reposo y con el brazo apoyado, y el perfil de lípidos (colesterol total, LDL, HDL y triglicéridos) se procesa en el laboratorio de la clínica. Si te toca en ayunas, llega sin desayunar; el agua sí se vale.
Si el equipo médico de la clínica quiere mirar con más detalle cómo late tu corazón, puede pedir un electrocardiograma: unos parches en el pecho, las muñecas y los tobillos, sin dolor y sin corriente. Ojo: un EKG normal en una consulta de control no descarta un infarto que empieza horas después. Si las señales aparecen, la respuesta sigue siendo el 911.
Los exámenes de sangre completan el cuadro con la glucosa y otros valores que influyen en el riesgo del corazón. Y si ya estás en la consulta de ginecología, menciona tu historia de embarazos: la presión alta o el azúcar alto de aquellos meses son información útil para tu corazón hoy.
Si ya tomas medicinas para la presión, el azúcar o el colesterol, no las suspendas ni muevas la dosis porque un día amaneciste bien: trae las cajas a tu próxima visita y habla con el equipo médico antes de cambiar nada en ese tratamiento.
Una lista para pegar en el refrigerador
Si te sirve, copia esto en un papel y pégalo donde toda la familia lo vea:
- Molestia en el pecho, espalda, cuello, mandíbula o brazos que no se va.
- Falta de aire, sudor frío, náusea o mareo que llegan de repente.
- Cansancio extremo sin razón.
- Si hay dudas, 911. Mejor una ambulancia que no hacía falta que una espera de más.
Para cerrar, una conversación pendiente
Muchas mujeres de Spring Branch y del 77055 llegan a la consulta por un Papanicolau, por los análisis de los niños o por una infección, y se van sin haberse medido la presión en años. La próxima vez que vengas, pregunta por tu presión y tu colesterol, y si tu mamá o tu tía ya pasaron de los cincuenta, tráelas contigo. Si el equipo te manda una receta, se envía de forma electrónica a la farmacia que elijas, así que ten a la mano el nombre y la dirección de la que te queda más cerca.
A Doña Rosa la salvó que su nieta reconoció las señales y marcó al 911. Que esa nieta seas tú.
